Comercio internacional de carbono: una palanca estratégica

El artículo publicado por Bruegel analiza cómo la UE puede usar el comercio internacional de créditos de carbono para reducir costes climáticos y fomentar más reducciones de emisiones a nivel global.

Al artículo tiene como punto de partida el artículo 6 del Acuerdo de París, que permite a los países cooperar mediante la compraventa internacional de reducciones de emisiones. En este contexto, la Unión Europea permitirá que hasta cinco puntos porcentuales de su objetivo climático para 2040 —una reducción del 90% de las emisiones respecto a 1990— puedan alcanzarse mediante créditos internacionales de alta calidad. Los autores sostienen que esta flexibilidad debería diseñarse para generar reducciones adicionales de emisiones fuera de Europa y no limitarse a trasladar esfuerzos de mitigación entre países.

Para ello, el informe propone tres cambios principales. En primer lugar, recomienda sustituir progresivamente los créditos asociados a proyectos individuales por créditos emitidos a nivel nacional, vinculados al desempeño climático efectivo de cada país. Este enfoque pretende reducir los problemas de integridad, adicionalidad y permanencia que han afectado a experiencias anteriores de los mercados internacionales de carbono.

En segundo lugar, plantea que sean principalmente las empresas privadas, y no los gobiernos, quienes compren los créditos internacionales y puedan utilizarlos para cumplir con sus obligaciones domésticas. Esto permitiría movilizar financiación privada, aprovechar la información generada por el mercado y reducir el riesgo de politización de las compras internacionales.

La tercera propuesta consiste en introducir una ratio de apalancamiento. Por ejemplo, con una relación de 1:5, cada tonelada de CO₂ compensada en Europa debería estar respaldada por cinco toneladas de reducción de emisiones en el país vendedor. Según un ejercicio ilustrativo del informe, si una coalición de países de la OCDE aplicara este mecanismo entre 2036 y 2050, podría estimular cerca de 34 gigatoneladas de mitigación en terceros países y generar una reducción global neta de 27 gigatoneladas.

Para implementar el sistema, se propone crear una cámara de compensación de créditos de carbono y un “Club de Compradores de Carbono”, encargado de coordinar estándares de calidad y metodologías entre los países participantes. Finalmente, el informe reconoce importantes desafíos políticos, jurídicos y técnicos, especialmente para establecer las trayectorias de emisiones de referencia de los países vendedores. No obstante, concluye que la Unión Europea dispone de aproximadamente una década antes de que los créditos internacionales comiencen a computar en 2036 para diseñar un mercado que combine flexibilidad económica, integridad ambiental y mayores incentivos para la descarbonización global.

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