El informe de la Agencia Internacional de la Energía analiza el estado y las perspectivas del hidrógeno a nivel mundial, abarcando producción, demanda, inversiones y políticas.
El documento subraya que, aunque el sector muestra avances, estos siguen lejos de las ambiciones anunciadas a inicios de la década, debido a costes elevados, incertidumbre regulatoria y retrasos en la infraestructura.
En 2024, la demanda global de hidrógeno llegó a casi 100 millones de toneladas, apenas un 2% más que el año anterior. El consumo continúa concentrado en usos tradicionales —refino y química— mientras que las aplicaciones emergentes (acero, transporte o energía) representan solo el 1%. La producción sigue dominada por combustibles fósiles, aunque el hidrógeno de bajas emisiones creció un 10% en 2024 y podría ser superior en 2025.
La cartera de proyectos bajo en carbono se redujo: de un potencial de 49 millones de toneladas métricas (Mt) en 2030 en la revisión previa, se ha rebajado a 37 Mt por cancelaciones y retrasos. No obstante, los proyectos con decisión final de inversión aumentaron un 20 % en el último año. La Agencia estima que la producción de hidrógeno de bajas emisiones podría multiplicarse por cinco hacia 2030, hasta 4,2 Mt, y alcanzar 6 Mt si se aplican políticas que estimulen la demanda.
China concentra el 65 % de la capacidad mundial de electrólisis y casi el 60 % de la producción de electrolizadores. Esto ha reducido costes, aunque plantea riesgos de sobrecapacidad y calidad para la exportación. El transporte marítimo también se perfila como un sector clave, con más de 80 puertos —entre ellos Rotterdam y Singapur— que planean convertirse en hubs de combustibles derivados del hidrógeno, como el amoníaco y el metanol, más viables para su transporte a gran escala.
Entre sus recomendaciones, la investigación propone mantener incentivos a proyectos maduros, acelerar la creación de demanda en industrias y transporte, mejorar infraestructuras en clústeres industriales y portuarios, y apoyar a economías emergentes en la cadena de valor. El informe concluye que, pese a las dificultades, el hidrógeno seguirá siendo un vector clave para cumplir los objetivos climáticos, reforzar la seguridad energética y generar nuevas oportunidades industriales.



