El informe del Centre on Regulation in Europe analiza cómo reforzar la resiliencia del sistema energético europeo ante episodios extremos de precios en los mercados acoplados de gas y electricidad, a partir de las lecciones de la crisis energética de 2021-2023.
El documento señala que, en los sistemas energéticos liberalizados, las crisis no se manifiestan principalmente como cortes de suministro, sino como picos extremos de precios. Durante la crisis reciente, el equilibrio físico del sistema se mantuvo, pero a costa de precios muy elevados que provocaron destrucción de demanda industrial, presión inflacionaria y una intervención pública sin precedentes. Esto lleva a diferenciar entre seguridad de suministro y contención de precios, dos objetivos relacionados pero distintos.
El informe introduce el concepto de “resiliencia de precios energéticos”, entendido como la capacidad del sistema para limitar la magnitud, duración y persistencia de episodios extremos de precios, sin eliminar las señales de escasez propias del mercado. Este enfoque pone el foco en los resultados extremos —los picos de precios— más que en la estabilidad en condiciones normales.
El análisis muestra que estos episodios responden a combinaciones de factores. Los shocks climáticos, especialmente los inviernos fríos, incrementan simultáneamente la demanda de gas para calefacción y para generación eléctrica cuando la producción renovable es baja. En este contexto, el gas actúa como tecnología marginal y transmite directamente sus variaciones de precio al mercado eléctrico. Además, el suministro de GNL se convierte en el principal mecanismo de ajuste, lo que aumenta la dependencia de los mercados globales.
Los resultados de modelización evidencian que las respuestas de precios son asimétricas y no lineales: en condiciones de escasez, los precios aumentan mucho más que lo que disminuyen en situaciones de abundancia. Asimismo, la flexibilidad del sistema —almacenamiento, respuesta de la demanda o sustitución de combustibles— es limitada y desigual entre países, lo que genera diferencias regionales en la exposición a los picos de precios.
El informe concluye que mejorar la resiliencia es un problema de política multidimensional. Propone actuar en cuatro niveles: reducir la exposición a shocks antes de que ocurran, reforzar los mecanismos de flexibilidad y almacenamiento, mejorar la capacidad de recuperación tras episodios de estrés y promover cambios estructurales que reduzcan la dependencia del gas en el margen. Asimismo, plantea el desarrollo de un indicador específico —Energy Price Resilience— que complemente los actuales marcos europeos de seguridad de suministro, incorporando tanto la adecuación física como la exposición a precios extremos.



