La bioeconomía gana protagonismo como motor de innovación, empleo y sostenibilidad. Así arrancó la séptima edición del Ciclo de Economía Circular de Funseam, con más de 500 personas inscritas.
Joan Batalla, director general de Funseam, abrió la sesión situando la transición hacia una economía climáticamente neutra como uno de los principales retos para Europa y el tejido productivo español. Batalla subrayó que “la creciente presión sobre los recursos naturales, los objetivos de descarbonización, la seguridad de suministro y la necesidad de fortalecer esa autonomía estratégica europea están acelerando la adopción de soluciones circulares en todos los sectores productivos”, y destacó el papel de la valorización de recursos en la apertura de nuevas cadenas de valor.
Antonio Calçada, director general de Fundación Repsol, situó la nueva propuesta de bioeconomía de la Comisión Europea en el centro de la transformación económica y climática de la Unión. Calçada recordó las recomendaciones del informe Draghi sobre la necesidad de avanzar simultáneamente en descarbonización, tejido industrial, empleo de calidad y autonomía estratégica, y resumió el concepto central de la jornada: “la bioeconomía propone una nueva forma de generar valor transformando biomasa, recursos biológicos renovables, residuos y subproductos en materiales, productos, energía y servicios de alto valor añadido”. Cerró su intervención con una imagen que resume el tono de la jornada: “no es una carrera de 100 metros, sino una media maratón de 20 km o 20 años en la que hay que ir paso a paso con inversiones concretas para recuperar el liderazgo económico de Europa”.
La escala industrial de la bioeconomía europea
El ponente principal de la sesión fue Nicoló Giacomuzzi-Moore, director ejecutivo de la Circular Bio-based Europe Joint Undertaking (CBE JU), la alianza público-privada entre la Comisión Europea y el Consorcio de Industrias de Base Biológica (BIC) dotada con 2.000 millones de euros bajo el programa Horizonte Europa. Giacomuzzi-Moore explicó que la iniciativa ha sido clave para llevar la bioeconomía del laboratorio al mercado, financiando hasta la fecha 250 proyectos: “financiamos la ampliación de tecnologías en fase de demostración, pero lo más importante es que ayudamos a construir en Europa las primeras instalaciones a gran escala de su tipo; es una característica única de nuestro programa”. Dos tercios del presupuesto del CBE JU se destinan a empresas privadas y más de la mitad a pequeñas y medianas empresas.
En su intervención, Giacomuzzi-Moore explicó que España es el principal país beneficiario de las ayudas de CBE JU en la Unión Europea y por eso destacó algunos proyectos con participación española: SustaiNext es una biorrefinería ubicada en Hervás (Extremadura), que transforma plantas medicinales y aromáticas y subproductos agrícolas en ingredientes para alimentación y salud. Circular Biocarbon es un proyecto que construye dos biorrefinerías pioneras (en Zaragoza y en Sesto San Giovanni, Italia) para convertir la fracción orgánica de residuos urbanos y lodos de depuradora en polímeros de base biológica y productos de valor añadido. Y Deep Purple es la planta de Aqualia en Badajoz que trata aguas residuales urbanas para obtener bioproductos y fertilizantes.
El directivo aportó también la cifra del efecto multiplicador del programa: cada euro de financiación pública moviliza 3,5 euros de inversión privada adicional, una proporción que llega a 5 euros en los proyectos de mayor escala. Giacomuzzi-Moore advirtió, no obstante, de la urgencia de acelerar el paso de la demostración al despliegue comercial y señaló que, en la última convocatoria del programa, la demanda de financiación multiplicó por diez el presupuesto disponible, en un contexto de fuerte competencia internacional, especialmente de China: “Si no ayudamos a las empresas a escalar estas tecnologías aquí, en Europa, se hará en otro lugar”, advirtió.
Biometano, materiales biocirculares y valorización de residuos en el panel empresarial
El panel de iniciativas empresariales, moderado por Alberto Casillas, de Retema, reunió a representantes de ID Energy Group, Repsol Materials y Waga Energy Iberia.
Buenaventura Gómez, director de Transición Energética de ID Energy Group, presentó las tres líneas de negocio de la compañía en torno a la bioeconomía molecular: el desarrollo de plantas de biometano a partir de residuos orgánicos y agroindustriales, la valorización del digerido en fertilizantes orgánicos y la electrificación del transporte pesado asociado a la logística de estos proyectos. “La economía circular no es un discurso de sostenibilidad complementario a la actividad industrial, es realmente la propia actividad industrial”, afirmó. Gómez aportó una cifra que ilustra el margen de crecimiento del sector: el biometano cubre actualmente solo el 0,12% de la producción de gas natural en España, frente a un potencial teórico del 45% de la demanda nacional si se aprovechara el conjunto de recursos orgánicos disponibles. Sobre las principales trabas al desarrollo del sector, fue directo: “los cuellos de botella asociados a la red van asociados fundamentalmente al CAPEX, a la calidad de la composición del gas que inyectamos y al permitting”. Ilustró además la falta de homogeneidad regulatoria comparando Portugal, donde el digerido de las plantas de biometano se considera fertilizante, con España, donde su uso requiere trámites administrativos más complejos.
Raquel Sánchez Magdaleno, gerente senior de Desarrollo de Negocio de Repsol Materials, situó la bioeconomía aplicada a materiales dentro del objetivo de la compañía de alcanzar cero emisiones netas en 2050, lo que implica sustituir progresivamente el crudo por fuentes de biocarbono: biomasa sostenible, aceite de cocina usado, residuos plásticos, urbanos, industriales y forestales. Presentó la gama Repsol Reciclex, con sus variantes de reciclado mecánico, químico y biocircular, y explicó que “apalancándonos en la hoja de ruta de nuestros biocombustibles disponemos de materia prima en cantidad industrial perfectamente escalable para producir poliolefinas, polioles, estireno y glicoles de origen bio o biocircular”. Como muestra de esta hoja de ruta, detalló el proyecto Ecoplanta, en Tarragona: una inversión de 800 millones de euros para tratar 400.000 toneladas anuales de residuos sólidos municipales no reciclables y transformarlos en 240.000 toneladas anuales de metanol renovable, con un ahorro estimado de 3,4 millones de toneladas de CO₂ en diez años. Sánchez Magdaleno reclamó una regulación europea armonizada, metodologías de cálculo de huella de carbono que prioricen los activos industriales ya existentes y condiciones de competencia equitativas frente a las importaciones de fuera de la Unión Europea.
Baptiste Usquin, director general de Waga Energy en España y Portugal, centró su intervención en el metano como palanca de acción climática inmediata, precisando que “a lo largo de 100 años es 28 veces más potente que el CO₂, pero a corto plazo, en los primeros 20 años, es hasta 84 veces peor”. La tecnología Wagabox de la compañía purifica el biogás generado en vertederos, que contiene una concentración de metano del 45%, hasta convertirlo en biometano del 98%, químicamente idéntico al gas natural fósil e inyectable directamente en la red gasista. Waga Energy opera 36 plantas en el mundo, cuatro de ellas en España. Según los datos que aportó, su primera planta en Cataluña ha evitado ya más de 50.000 toneladas de CO₂ únicamente por sustitución de gas fósil importado. Usquin defendió la necesidad de un marco normativo que clarifique el papel de cada actor de la cadena para acelerar el despliegue de esta tecnología: “la economía circular no debe ser solo una aspiración conceptual sino una realidad industrial; las tecnologías y los recursos están aquí, y tenemos que avanzar en esto”.
Los residuos como recurso estratégico
Al final de la sesión se abrió un turno de debate, con preguntas abiertas al público. Los tres ponentes coincidieron en que los residuos han dejado de entenderse como un problema de gestión para convertirse en un recurso estratégico para la producción de energía y el desarrollo de la bioeconomía. También estuvieron de acuerdo en que el biometano no compite con la electrificación, sino que la complementa, ya que es una solución molecular para procesos industriales y transporte pesado donde electrificar no es viable, además de tratarse de una de las formas más económicas de generar energía renovable. A lo largo del debate subrayaron el valor del digestato higienizado como fertilizante orgánico de alto valor, capaz de sustituir fertilizantes minerales de síntesis y contribuir a la descarbonización del sector ganadero. El debate cerró con una reflexión sobre el impacto de la bioeconomía en el empleo: el sector está generando un volumen creciente de puestos de trabajo que exige nuevos planes de formación y capacitación profesional, y que despierta vocaciones entre las nuevas generaciones.



