Concluye la sexta edición del Ciclo de Economía Circular analizando la bioenergía, la biomasa y el biometano como soluciones circulares para avanzar en la transición energética.
La tercera y última sesión del Ciclo reunió a destacados expertos del sector y puso de manifiesto cómo la valorización de residuos agrícolas, ganaderos, forestales y urbanos no solo contribuye a la descarbonización y a una correcta gestión de los residuos orgánicos, sino que también impulsa la independencia energética, la economía local y el desarrollo rural.
Joan Batalla, director general de Funseam, inauguró la sesión destacando que la bioenergía es una de las soluciones con mayor potencial en España, dada la importancia de su sector primario. Según explicó, esta fuente de energía renovable es «realmente gestionable y almacenable», capaz de proporcionar calefacción, electricidad y combustibles para el transporte, dando así una respuesta inmediata a las necesidades de descarbonización. Además, Batalla subrayó su triple impacto: “es una energía que genera mayor valor compartido, y un triple impacto económico, ambiental y social, lo cual contribuye al cumplimiento de los objetivos de transición energética y neutralidad climática”.
Vanessa Abad, presidenta del Clúster de la Bioenergía de Cataluña (CBC), fue la ponente principal de la sesión, y presentó la situación de la bioenergía en Cataluña, un sector que, según un estudio de 2024, ya agrupa a 365 empresas, factura 872 millones de euros y genera más de 2.600 puestos de trabajo. Abad explicó que el biogás puede utilizarse para generar electricidad y calor, inyectarse en la red de gas natural o convertirse en combustible para el transporte. En este sentido, destacó el enorme potencial en España, que según los estudios podría llegar a ser «el tercer país de Europa en producción de biometano».
La presidenta del Clúster detalló los retos en los que trabaja el sector para alcanzar este potencial, entre los que ha destacado «el impulso de la aceptación social, el desarrollo tecnológico propio para no depender de la importación, la adopción de nuevas tecnologías y la consolidación de la garantía de suministro». Abad insistió en que superar la oposición local es uno de los mayores desafíos, y para ello considera fundamental el diálogo y la pedagogía. Según afirmó, «es importante que lo sepamos transmitir a nuestra sociedad y a las nuevas generaciones». En su opinión, es clave «establecer un diálogo entre las diferentes partes implicadas» desde el inicio para que los proyectos se desarrollen de forma asertiva y se perciban los beneficios reales que aportan al territorio, como la mitigación del cambio climático y la creación de empleo.
La jornada continuó con una mesa redonda moderada por Alberto Casillas, director de Retema, en la que participaron Luis Puchades, director de Biovic, Emilio Mayoral, coordinador de transformación industrial en Repsol y Paloma Lastra, directora de Sostenibilidad de Magnon Green Energy, quienes compartieron casos de éxito y visiones sobre el futuro de la bioenergía.
El director de Biovic centró su intervención en el biometano y su potencial para descarbonizar el sector gasista e industrial. Explicó que los proyectos de biogás tienen un triple componente: energético, medioambiental y agrícola. Generan un gas renovable, gestionan residuos que de otro modo emitirían metano, el segundo gas en emisiones de efecto invernadero, y producen fertilizantes orgánicos que devuelven la materia orgánica a los suelos, mejorando su fertilidad y ayudando a fijar carbono en los suelos.
Puchades argumentó que tiene todo el sentido hacer plantas de biometano para abordar grandes retos de la Unión Europea, como reducir la dependencia de fertilizantes de origen fósil y de fuentes de gas externas. En este contexto, afirmó que el biometano juega un papel fundamental porque «es la misma molécula que el gas y, por tanto, una vez inyectado en el sistema, realmente no te obliga a hacer ningún cambio tecnológico». Como ejemplo práctico, ha presentado el proyecto de la primera planta de biometano de Castilla-La Mancha, con capacidad para producir unos 42 GWh anuales de biometano que se pueden inyectar a la red. Finalmente, el ponente aseguró que es el momento del gas renovable, por ser una tecnología económicamente factible y que está «absolutamente alineada con los principios ambientales y políticos» actuales.
Emilio Mayoral presentó el proyecto pionero de la compañía en Cartagena, donde ya opera la primera planta de la Península Ibérica dedicada a la producción de combustibles 100% renovables a partir de residuos lipídicos. Esta instalación ya está permitiendo reducir 900.000 toneladas de CO2 al año y su producción, como el diésel renovable (HVO), ya se distribuye en más de 1.300 estaciones de servicio de Repsol en España.
Mayoral destacó que estos combustibles son una alternativa real y competitiva para la descarbonización de la movilidad. Una de las grandes ventajas es la plena compatibilidad con la infraestructura y los vehículos actuales. Como declaró, «es uno de los temas que lo hacen muy competitivo porque no necesitas cambiar de vehículo para poder descarbonizar tu transporte». Además de promover la economía circular al dar una segunda vida a los residuos, estos proyectos fomentan el desarrollo industrial y la independencia energética, aprovechando el alto potencial de recuperación de residuos que tiene España
Finalmente, Paloma Lastra, expuso el papel fundamental de la biomasa en la generación de energía eléctrica renovable. Explicó que, a diferencia de otras renovables, la biomasa aporta estabilidad y flexibilidad a la red eléctrica, ya que su producción es gestionable y no depende de factores climáticos. La compañía es líder en producción de energía renovable con biomasa, con una potencia total instalada de 266 MW. Para ello utiliza principalmente restos forestales y agrícolas, contribuyendo a la limpieza de los montes, la prevención de incendios y evitando la quema de rastrojos.
Lastra remarcó el carácter circular de su actividad, ya que los residuos del proceso, como las cenizas, se convierten en materias primas para otras industrias, como la de fertilizantes o cementos. Y solicitó agilidad a la Administración para la reclasificación de estos residuos como subproductos, lo que aumentaría su valor. También puso en valor el impacto social positivo de esta energía, al crear empleo de calidad en las zonas rurales: «mantiene la agricultura, pero también genera empleos técnicos en lugares donde no existen otras industrias».
El debate posterior con los asistentes permitió profundizar en algunos de los retos más acuciantes del sector. Entre los temas tratados, destaca la necesidad de obtener una «licencia social» para los proyectos, que permita superar la oposición local mediante el diálogo y la integración de las comunidades. Preguntados sobre cómo estimular la demanda de bioenergía, los ponentes coincidieron en que es clave la madurez tecnológica para reducir costes, una regulación favorable y una mayor pedagogía social sobre sus beneficios.



