Ganadores y perdedores de la política climática

El Acuerdo de París refleja la voluntad inequívoca, de los 195 países firmantes, de avanzar hacia un modelo de crecimiento sostenible en beneficio de las generaciones futuras, marcando un punto de inflexión en la agenda medioambiental. Siendo el segundo país emisor, el anuncio de abandono por parte de los Estados Unidos ha hecho resurgir la preocupación por las implicaciones económicas en términos de competitividad asociadas a las políticas climáticas. Para dar respuesta a esta inquietud, el Banco Mundial analiza el impacto económico que los diferentes planes de contribuciones nacionales pueden tener en términos de crecimiento económico, inversiones y exportaciones, en esta reciente publicación.

El objetivo de evitar que el incremento de la temperatura media global del planeta supere los 2ºC respecto a los niveles preindustriales, recogido en el Acuerdo de París, implica la necesidad de que las emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI) toquen techo lo antes posible, fijando sendas de reducción de las emisiones a medio y largo plazo que nos permitan llegar a la neutralidad de las emisiones en la segunda mitad del presente siglo. A nivel nacional, estas sendas deben venir recogidas en los diferentes planes de desarrollo para la reducción de emisiones (National Determined Contributions (NDC), en su acepción inglesa) que responden a las características económicas y capacidades de reducción propias de cada país.

Partiendo de estas contribuciones, que deben ser revisadas cada cinco años, los autores del estudio Paris Climate Agreement and the Global Economy analizan los impactos macroeconómicos (crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB), inversiones y exportaciones) asociados a las mismas, a partir de un modelo de equilibrio general, con una aproximación empírica en la que los compromisos medioambientales son incorporados en forma de impuesto sobre las emisiones de dióxido de carbono. Partiendo de un escenario base de referencia que se inicia en 2011 y se proyecta hasta el año 2030, el estudio del Banco Mundial estima el impacto en forma de shocks que conlleva la carga impositiva asociada a los objetivos de descarbonización, estableciéndose como hipótesis que todos los países firmantes del Acuerdo de París asumen íntegramente los compromisos adquiridos y que a lo largo del período contemplado se produce una reducción del 25% en los costes de inversión de las tecnologías renovables.

Desde una perspectiva geográfica, el estudio analiza las implicaciones del Acuerdo de París y su impacto económico acumulativo en el horizonte de 2030 para 20 países correspondientes a las regiones de Asia, América Latina, América del Norte y Europa. Aunque las previsiones apuntan un impacto moderado, de los resultados se desprende que es precisamente Europa donde se produce un mayor impacto macroeconómico si todas las medidas y compromisos anunciados son plenamente implementados, con una caída acumulativa del PIB estimada entre un 1 y un 1,5%. Entre los países no europeos, Australia, Nueva Zelanda y México también se verán afectados, con una pérdida de bienestar prevista de alrededor del 1,5%. Por contra, economías emergentes y con elevados niveles emisores, como India o China, no se ven prácticamente afectadas. Por sectores, como cabría esperar, el mayor impacto se concentra en actividades afectas al proceso de transición energética. En términos de producción y flujos comerciales, las mayores caídas se producen en el sector del carbón y el gas natural, más en concreto en la generación eléctrica a partir de estas fuentes energéticas.

El análisis de sensibilidad de los resultados con diferentes escenarios, apunta que una reducción en el coste asociado a las nuevas tecnologías renovables en el horizonte del 2030 permite suavizar los impactos macroeconómicos. En esta medida, el estudio del Banco Mundial arguye la necesidad de seguir apostando por la innovación y la inversión en I+D como factor determinante a la hora de garantizar la consecución de los objetivos climáticos con el menor impacto posible en términos de competitividad económica.

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